sábado, 10 de abril de 2010

·[.Mi.ángel.de.alas.rotas.]·



Recuerdo esa tarde con claridad, como si hubiera sido ayer: tenía 14 años, estaba lloviendo fuera... entonces vi algo en mi mente: Ahí estaba yo como deseaba, con un cuerpo azul y delgado, cabello blanco y largo... era una ninfa que por alguna razón al mirarse en el espejo no podía reconocerse, la razón era que su reflejo era humano y en esa imagen se perdía a si misma cada vez que se observaba; junto a ella un hombre de ojos amarillos cuyo carisma no ayudaba a que se hiciese de amigos... y tras ella había alguien más... tras ella estabas tú...

Te llamé Diego, porque ese nombre significa "El sabio", podía escuchar tus historias tardes enteras sin aburrirme, aunque nunca escuche tu voz en verdad, al menos no con mis oídos, hice caricaturas de cómo sería tu imagen... alto, lo suficiente como para colgarme de ti; usabas lentes delante de tus bellos ojos verdeazulados, bellos porque tu alma era bella y de ese color porque no podía imaginar a tu alma de otro matiz; manos grandes y tibias, capaces de tomar las mías y arrebatarles su característica frialdad... hablabas de las estrellas, del océano, de vertientes de coral en el cielo... decías que Dios estaba en la lluvia y cada vez que desesperaba colocabas tu mano sobre mi corazón y asi lentamente llegaba la paz... dormía boca abajo, imaginando descanzar sobre tu pecho, imaginaba los latidos de tu corazón, a veces acelerado, otras en mucha calma y cuando no lo escuchaba te decía "No tienes corazón", entonces respondías "Está junto al tuyo, latiendo al mismo compás, por eso no puedes oirlo..."; hasta los 17 años nunca sentí atracción por alguien, sólo deseaba que te materializaras delante de mi y me abrazaras, me besaras, me vieras directamente a los ojos y te perdieras en ellos...

En el transcurso de ese tiempo supe muchas cosas de ti, todas entrelazadas en la historia que seguía ganando terreno en mi cabeza y de la cual siempre tuve control, excepto de ti, tú te mandabas solo... cuando llegaste a mi, amábas a alguien más, y en ese momento podrías haber pasado toda la eternidad esperando que volviera, nada de eso importaría si por un segundo tus labios hubieran podido posarse en los de ella... la vida te la había arrebatado de un segundo a otro, no alcanzaste a despedirte, un día confesaste "Nunca habría podido hacerlo tampoco..."; también supe que tenías alas, unas blancas alas de grandes plumas, no podías volar, estaban rotas... cada vez que lo intentabas podías elevarte algunos metros, y desde ahí llovían plumas desde el cielo... Cuando recién llegaste a mi, jamás imaginé que te querría tanto, supongo que fue mutuo, pero nuestra compañía se sentía grata, tanto que pese a tus grandes miedos y los míos, tus brazos me rodeaban cada noche...

Una vez dijiste "Desearía dormir hoy, y ser otro mañana... o quizá no recordar nada, empezar de cero...", yo te abracé por la espalda, puse una mano sobre tus ojos y así te quedaste dormido... Un día tomé una decisión por la cual renunciaría a ti... nunca me había cuestionado que eras en realidad, ninguna opción era buena, oscilaban entre que yo estuviera loca, o que fueras algo realmente malo... con el tiempo y madurez asumí que eras parte de mi, desde ese entonces rompiste tu voto de silencio y terminamos esa vieja historia en mi cabeza...

Siempre viví mis etapas algo tardía al resto de las personas, supongo que mi amigo imaginario había llegado a mis 14 años, y de una conversación trivial llegamos al punto crítico en el cual debíamos despedirnos... yo deseaba amar a alguien no porque llenara la mayor parte de tus características, sino porque fuera alguien real, con defectos que me enamoraran y virtudes, alguien que tuviera voz audible... alguien que fuera tan humano como yo, que no supliera mis falencias emocionales, sino que se compartiera conmigo, que riera y llorara junto a mi...

Una de las últimas cosas que te dije fue "Si eres algo más que mi pensamiento haciendome compañía, si eres el recuerdo de mi alma gemela en mi, aquella con la que he compartido toda mi existencia desde el principio y a través de mis vidas anteriores, entonces quiero que vuelvas a tu fuente y te traigas de vuelta a mi, que lleves tú ahora mi recuerdo a él, para que cuando sea el día que nustros caminos se crucen o se vuelvan a cruzar, sepa que soy yo..."

Dejarte ir ha sido una de las cosas más duras que he hecho, ahora en una habitación vacía soy solamente yo, no hay calor en mi espalda, y en mi mente sólo un gran silencio... tengo miedo de que cuando las señales se tornen confusas, a causa de mi propia interpretación, no sea capaz de serenarme, respirar y seguir la voz de mi corazón... pase de caminar con cierta ayuda a hacerlo sola, tambaleándome, cayendo y parándome... es parte de crecer y necesitaba hacerlo... sabías que tenía razón, por eso en nuestro último día, cuando me viste dudar pusiste un dedo sobre mis labios "No lo digas... si me pides que me quede no seré capaz de dejarte, no digas nada, mi amor..."

En nuestra última noche no nos despedimos en realidad... tu sonrísa se desvaneció lentamente al igual que el calor en mis brazos... "Te amo" susurraste... lágrimas inundaron mis ojos, lloré... mi temor gritó: Ahora si que te has quedado sola... pero en el fondo de mi sé que no es verdad, quizá ahora esté menos sola que antes... las cosas que son reales siempre tienden a darnos la sensación de que serán perdidas; en estos momentos, aunque todo indique que voy del lado equivocado seguiré adelante, no importa lo que pase, ya no puedo volver... después de todo, es lo que yo haría si no tuviera miedo...

No me arrepiento de dejarte en libertad, te extraño, pero me prometí no mirar atrás, mientras sea fiel a eso, probablemente la próxima vez que te encuentre sea tras los ojos de alguien a quien pueda acariciar, si no es así, al menos me quedará el consuelo de que cuando ame a alguien, amaré a esa persona por lo que es, por quién es en verdad... y eso vale infinitamente la pena... es lo que yo también quiero para mí...


Nereide, la ninfa que deseaba conocer el mundo...

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