Ella tenia 20 años cuando un hombre la vio desnuda por primera vez, y la misma edad cuando, junto a esa persona, se cubrió bajo un manto de agua para limpiar su cuerpo... él, siempre la tomó delicadamente entre sus brazos mientras la mantenía virgen... no por aumentar su deseo, sino por que realmente la amaba...
Él no era una persona perfecta, tenía mil y una complicaciones en su vida: Una mujer en su casa, un anillo de compromiso en su mano izquierda, un trabajo estable y sueños atados a la crueldad del destino, puesto que deseaba un hijo, pero el vientre de quién caminaba a su lado no podía florecer...
Ella tampoco era una persona perfecta, como él, tenía una y mil complicaciones en su vida: Una depresión casi endógena, un temor casi insuperable a ser abandonada, de que nadie fuera capaz de amarla, un sentimiento de soledad que se había apropiado de gran parte de su corazón... pero aún asi se encontraron, se vieron a los ojos y se amaron.
Él escapaba de su casa todas las noches para verla, mientras ella llenaba su habitación de sueños y deseos; él llegaba con chocolates para ella, y ella lo rodeaba con sus brazos y renovaba sus fuerzas con un beso eterno...
Ella tenía 21 años cuando, en la misma habitación de siempre, lo vio una vez más, a través de sus bellos ojos azules, mientras él se fundió en la prufundidad chocolate de los de ella... no habrían más días después de aquel, el gran temor de ambos estaba allí mismo, entre ellos dos...
Él sabía que después de aquella noche volvería a su vida normal, que no volvería a escapar y sufriría diariamente en los ojos de quien caminaba a su lado, por el hijo que jamás llegaría, la crueldad del destino los separaría, los llevaría a la fuerza por caminos divergentes... pero aún asi, amaba a esa niña que jugaba distraídamente con su cabello azabache, la amaba, sí, pero su amor no era más grande que sus ganas de acabar con todo y ser libre para tomarla de la mano frente a los demás...
Ella se puso en pie frente a él y le habló con el pensamiento: No es una persona perfecta, nunca va tomarme de la mano frente a los demás, ambos llegamos tarde al lugar donde nos vimos por primera vez... es tarde ya para ambos, nunca estaremos juntos de verdad, sin embargo... sin embargo...
Él tenía 25 años y ella tenía 21, era una noche fría, estaban solos... estaba oscuro... ella cerró los ojos y el descansó sobre su pecho desnudo, era la primera vez que juntaron sus almas en un solo cuerpo, él tomó la virginidad de ella, la abrazó, la besó, sin embargo, no habrían más noches como esa, ni besos eternos, nunca más él huiría de casa con chocolates bajo el brazo, nunca más ella apoyaría su cabeza junto a su corazón...
Ambos se vieron por última vez, ambos lloraron, no se dijeron adiós... él la amaba, ella lo amaba... él se perdió entre las luces altas de la noche y ella se congeló en un punto muerto de tiempo que avanza muy lentamente de vez en vez.
NEREIDE, la ninfa que deseaba conocer el mundo
