jueves, 18 de marzo de 2010

·[.La.Luna.en.los.ojos.de.la.Noche.]·



Fue una de aquellas noches claras, cuando las hojas de los árboles danzaban en sus ganchos dispuestos en las ramas de sus copas... ya adormecidos, mientras el viento gélido del sur trataba de arrancarlas, arrebatarlas al cielo y llevarlas al pasto húmedo... era tiempo de iniciar el camino hacia la inmortalidad en otra vida, de volver a la tierra para ser mucho más que una hoja, ser parte del mismo árbol que les dio la vida... ahora ellas serían vida, y llenarían su sabia de energía ancestral.

Una de ellas, la más alta de todas, pensaba en cúan grande sería su caída, estaba ansiosa de comenzar el viaje sin retorno, sin embargo, iba a extrañar mucho la compañía de la luna sobre sí, dándole luz a su ser. Todas sus hermanas oponían resistencia puesto que tenían miedo de caer, cada una entonaba melodías a aquellas que aún permanecían sujetas a sus ganchos, pero éstos acordes eran oscuros, tan melancólicos que la luna cubría su opaca pálidez con nubes de lluvia... sin embargo esta hoja no tenía miedo de caer, aunque sí a la incertidumbre de no saber que ocurriría luego una vez que llegara al pasto, pero no de caer...

Y esa última noche llamó a la luna desde su gancho, ésta asomó entre los algodones del cielo y sonrió para ella, se despidieron, las lágrimas fueron inevitables aún sabiendo que se volverían a encontrar algún día... la hoja estaba lista. El viento silvó, era la señal, la hoja se extendió lo más que pudo, tensó por última vez todo su cuerpo amarillo y antes de que el viento la arrancara saltó al vacío...

(silencio)

En pleno impulso, el viento la tomó en su soplido y la elevó al cielo lo más que pudo, la hoja hubiese jurado que alcanzaría a su amiga en el cielo, fue tan feliz en ese momento, vió al árbol del que había nacido completamente, vió el cielo... sientió que era parte de él, y con esa dicha supo más que nunca que volvería a ver a la Luna algún día, cuando eso ocurriera podría iluminarla como tantas veces el prendedor de la noche lo había hecho con ella... con esa visión entonó una melodía exquisita, el tiempo se detuvo para oírla y la Luna brillo intensamente... así cayó, y cayó aún más hasta que semi dromida pudo sentir el abrigo del pasto en su dorso - Aún estoy flotando - fue lo último que susurró mientras su vísión ya no distinguia formas, solo esa luz que le era tan conocida... la Luna en los ojos de la Noche...


Nereide, la ninfa que deseaba conocer el mundo...

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